La pasión por su oficio llevó a Francisca Zapata a instalar su negocio de joyas de autor en Chiloé, donde además tiene una escuela para dictar clases.

Éxito de la Pyme_

Francisca Zapata (30) es orfebre hace ocho años y desde 2012 se instaló en Chiloé con su Pyme Orfebrería Pancha, escuela y venta de joyas de autor. El éxito de su negocio se lo adjudica a la calidad de sus creaciones y el amor por lo que hace. “Son piezas únicas, personalizadas, heredables y perdurables en el tiempo. Cada una de mis joyas, al igual que mis clases, están hechas con amor. Siempre trato a cada uno de mis clientes y alumnos de una manera cercana, y no como un número”, destaca. Así ha logrado construir una clientela fiel, que está atenta a sus apariciones en ferias, nuevas colecciones y horarios de clases.

Su historia_

Aunque se tituló en diseño teatral, en 2008 decidió tomar algunas clases de orfebrería, y se enamoró del oficio. “En la primera escuela de joyería donde estudié aprendí mucho, me prepararon para ser profesora y también fui asistente. Me dieron tips importantísimos para sacar a flote un taller, lidiar con clientes con ideas determinadas para sus joyas y alumnos con ansias de aprender”, cuenta. Orfebrería Pancha “nació de la necesidad de ser independiente, poder administrar mis tiempos y tener un lugar a mi gusto”, dice. Luego de cuatro años en Santiago decidió cambiar de ambiente y se mudó a Chiloé. Hoy en día, Francisca trabaja directamente en su taller, pero la difusión y venta de joyas es por Internet, donde “gracias a Entel Empresas siempre estoy conectada a través de Facebook, Instagram y mi sitio web”.

La conectividad que entrega Entel Empresas es de primera necesidad. Me mantengo en contacto rápida y directamente con la gente que me sigue, así saben de las nuevas joyas y clases”.

¿Cómo lo hizo?_

Mientras estudiaba joyería, Francisca fue garzona, con la idea de ahorrar y poder armar su propio espacio. Un año más tarde comenzó a hacer joyas a pedido. Al mismo tiempo se preparaba para ser profesora de orfebrería y, en 2010 instaló su propio negocio. “Ahí Orfebrería Pancha comenzó a tomar más cuerpo y me lancé con todo. Compré más bancos de joyería, dupliqué herramientas, arrendé un espacio más grande y di clases a más de dos alumnos a la vez”, recuerda sobre el nacimiento de su Pyme. También cuenta que esos primeros años “fueron muy gratificantes, me sentí totalmente segura de que era un oficio al que me quería dedicar para toda la vida. Y aquí sigo, firme con mi decisión de haber dejado mi título guardadito como un lindo recuerdo y feliz de sentir que la orfebrería es mi presente y mi futuro”, dice con orgullo.

Proyecciones_

Actualmente, Francisca puede sustentar su negocio con las clases de joyería que dicta de lunes a viernes en los Palafitos de Gamboa y de la venta de joyas que hace continuamente a través de Internet. Pero para el futuro ya tiene un plan: “quiero seguir enseñando en distintas partes de Chile, partí en Santiago y ahora estoy en Castro, Chiloé”. Piensa seguir avanzando por la isla, enseñando y participando en ferias, con la idea que la mayor cantidad de gente pueda acceder a este oficio. Declara que su sueño es poder “compartir mis conocimientos con generosidad y amor, además de seguir creando joyas que perduren, y que los nietos de los que las adquirieron puedan contar la historia de esas piezas”, explica concluyendo que “ya son ocho años de amor infinito a la joyería”.

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