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Cuándo endeudarse y en qué fijarse
Junio 26, 2015

Cuándo endeudarse y en qué fijarse

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Intuitivamente tendemos a rechazar la deuda. Sin embargo, hay un momento en la historia de nuestra empresa que es recomendable hacerlo.

Por Manuel José Correa, gerente Cumplo Chile.

Endeudarse suele ser mirado con recelo. Se teme no poder cumplir con los compromisos adquiridos, lo que perjudicaría nuestra reputación personal y la de nuestra empresa. También existe desconfianza hacia el pago de intereses, ya que éstos podrían hacernos perder parte de nuestras ganancias, con lo cual estaríamos trabajando para otros.

Sin embargo, en la historia del crecimiento de una empresa es algo que se debe analizar. A veces es el único camino para que podamos dar algunos saltos necesarios.

Existe una base teórica que demuestra que la deuda agrega valor a una empresa. Los Nobel de Economía Franco Modigliani (1985) y Merton H. Miller (1990) exponen que gracias a la existencia de la deuda y de los impuestos, el gasto adicional que genera (los intereses) permite un ahorro en los impuestos que se pagan. A este ahorro se le llama el escudo fiscal de la deuda, y es lo que agrega valor a la empresa.

Lo anterior no quiere decir que endeudarse sea algo trivial o aplicable a toda situación. Por el contrario, requiere de un profundo análisis de la situación financiera de la empresa y del uso que tendrá el dinero que se está obteniendo con el crédito.

En primer lugar, debemos asegurar que el crédito será una buena alternativa para el crecimiento de nuestra empresa, lo que se traduce en activos productivos. De esta manera, las ganancias que obtendremos nos permitirán pagar los intereses. Si eso no ocurre, no estaríamos agregando valor. Si no somos capaces de controlar los gastos mensuales, debemos alertarnos y reorganizar nuestras finanzas.

Fijarse en los plazos, tasa de interés y comisiones que ofrecen las distintas alternativas de financiamiento es fundamental para tomar una buena decisión. Al “vitrinear” se muestran las diferencias entre unos y otros, lo que también se traduce en lo que se tendrá que pagar periódicamente.

El porcentaje de los ingresos que se debe destinar a pagar una deuda es igual de importante. La deuda no puede alejar a la Pyme de sus metas, sino que por el contrario debe facilitar su consecución. Como regla general, destinar menos del 15% de los ingresos es lo ideal. Si la cifra se sitúa entre el 20% y 25% se considera manejable. Y si el porcentaje supera el 35% nos encontramos frente a una situación preocupante, sin olvidar el control sobre la estructura de costos, que en muchos casos será más rígida que los ingresos. Es esencial hacer un seguimiento
a estos indicadores y mantenerlos bajo control.

Al solicitar créditos, las empresas construyen un historial crediticio. Pagar puntualmente construirá un historial positivo. Esto además de otorgar una buena reputación financiera, permitirá que la empresa acceda a nuevos créditos con mejores condiciones. En consecuencia, en el mundo financiero podemos parafrasear a Descartes: debitus, ergo sum.

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